viernes, 28 de agosto de 2015

La noche más hermosa

1984 España comedia,. 90 minutos. Director: Manuel gutierrez aragón.  Guión. Manuel Gutiérrez Aragón & Luis Megino. Música: Julián Ruíz Garrido. Fotografía: Carlos Suárez. Productora: Luis Megino pc. comedia. Reparto: José sacristán, victoria abril, bibi andersen, fernando fernán gómez, óscar ladoire, pep Muné, juanjo puigcorbé, León klimovsky, josep maría pou, Maite blasco, Juan echanove.
Sinopsis: Federico, un alto ejecutivo de la televisión nacional, hombre de talento y de innatas habilidades para el negocio y la diplomacia, comienza a sospechar que su esposa Elena, una excelente actriz que se retiró prematuramente ante la coyuntura matrimonial, le engaña con otro hombre. Los síntomas son que Elena suspira, mira mucho al cielo y está al tanto de la hora exacta en que pasa un cometa que sólo aparece cada cien años. O sea, que espera su ”Noche más hermosa”.
 La noche más hermosa es sin duda alguna una de las obras más flojas dentro de la filmografía del afamado Manuel Gutiérrez Aragón (Habla, mudita, Camada negra). Nos hallamos ante una comedia de enredos de pretensión desenfadada, de esas que proliferaron descontroladamente en la cinematografía española de la década de los 80, y que acabaron aburriendo al personal por la repetición de clichés y de repartos (siempre salían los mismos). Para el recuerdo un plantel de secundarios de lujo del que llama la atención la presencia de un joven Juan Echanove ejerciendo más de figurante que de actor. También sobresale la ácida visión que se nos da sobre los entresijos y mamoneos que gobernaban por aquel entonces el Ente Público de Televisión (también conocido como RTVE).

Durante mucho tiempo he conservado en la memoria algunas bellas imágenes de esta película… pero había olvidado por completo la inconsistencia de su argumento (recordaba vagamente que la gente esperaba un “eclipse”, pero ésta es sólo una historia secundaria y, además, se trata del paso de un cometa), y mucho más aún las malas interpretaciones de sus actores que, en el caso de José Sacristán, podría calificarse de nefasta (lo que es síntoma, también, de una mala dirección).
Quizás hubiera sido mejor no volver a verla y mantener vivas en la memoria esas imágenes mágicas, apenas unos fotogramas aislados que, perdidos entre un montón de desatinos, salvan la película y la hacen interesante (aunque sólo sea para los ojos y apenas sólo algunos de los noventa minutos que dura la cinta

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