viernes, 28 de agosto de 2015

La guerra civil en Albacete

Los años transcurridos entre el comienzo del reinado de Alfonso, XIII (1902) y el final de la guerra civil española (1939), constituyen uno de los períodos más agitados de la historia de España.
En ese período de tiempo hubo en nuestro país una monarquía* (la de Alfonso XIII), una dictadura* (la del general Primo de Rivera) y una República*.

Los problemas que aquejaban a España eran numerosos y algunos de difícil solución.
El ejército se desgastaba en la guerra de Marruecos sin éxitos relevantes. El número de oficiales era mucho mayor del que proporcionalmente correspondía a nuestro número de soldados.

Existían muchos braceros* sin tierra, mientras que la aristocarcia* poseía grandes latifundios sin explotar o mal cultivados. En muchos lugares de Castilla, Extremadura y Andalucía se pasaba verdadera hambre.

La población aumentaba considerablemente y el excedente de mano de obra se veía obligado a buscar trabajo en las zonas industriales del País Vasco y Cataluña, cuyas fábricas no podían absorber a la totalidad de inmigrantes del campo.

La Iglesia contaba con miles de religiosos, monjas y sacerdotes y se oponía a los intentos liberales de la República en materia de enseñanza y de libertad religiosa.

Como dice Gabriel Jacson, historiador de la guerra civil española, cuando advino la República en 1931, los españoles quisieron hacer todo en seguida: separar la Iglesia del Estado, crear escuelas primarias y secundarias, reformar la Universidad,  reducir el número y aumertar la eficacia de la burocracia* y el Ejército, conceder la igualdad legal a la mujer, distribuir latifundios entre los campesinos, conceder la autonomía* a las principales minorías culturales (los catalanes y los vascos). Quisieron dar a España rápidamente las libertades políticas y religiosas, y el sistema educativo público, de alta calidad, que Francia había logrado trás un siglo de experimentos y conflictos desde 1789.

La República trató de hacer demasiado, y hacerlo aprisa. Por ataques simúltaneos a los privilegios atrincherados del Ejército, la Iglesia y los terratenientes, el nuevo régimen provocó la hostilidad de todas las fuerzas conservadoras del país.

El domingo 19 de julio de 1936, sobre las tres de la tarde, comenzó el alzamiento militar en Albacete. Un total de 700 hombres, que componían las distintas fuerzas militares, a los que se unieron gentes de derechas y del centro, en especial de Falange, Acción Popular y Renovación Española.

En la mayoría de los pueblos que están situados en la carretera Madrid-Murcia, el alzamiento tuvo éxito.

Las provincias que rodean Albacete eran partidarias del gobierno legítimo de la República y por lo tanto no se sumaron a la rebelión militar. Guardias Civiles de Villena (Alicante), guardias de Asalto de Alcoy (Alicante) y numerosos grupos de paisanos armados penetraron en tierras albacetenses para intentar vencer a los sublevados. El día 25 de julio, seis fechas después de producirse la sublevación, murcianos y alicantinos conseguían la rendición de la ciudad de Albacete.

De no haber habido apoyo internacional, el ejército de Africa no habría cruzado el estrecho de Gibraltar y la rebelión militar no habría triunfado. Y posteriormente, sin los envíos de armas, que recibieron las dos partes, la guerra se habría consumido por agotamiento de las escasas reservas de material bélico que había en nuestro país.
Tanto el gobierno de la República como los militares del general Franco recibieron ayuda internacional de toda clase: combatientes, armamento, etc. Alemanes e italianos apoyaban a los militares sublevados.

Dentro de los que ayudaron a la República, se encontraban losvoluntarios de varios países del mundo que se alistaron en lo que se llamó Brigadas Internacionales. Albacete y los pueblos de alrededor fueron los lugares elegidos para instalar los campamentos militares en los que se adiestraron para el combate a aquellos hombres procedentes de los más variados rincones del mundo.


El miércoles, 14 de octubre de 1936, llegaron a nuestra ciudad, en camiones y en ferrocarril, los primeros voluntarios de las Brigadas -Internacionales. Con su llegada la vida de Abacete cambió en gran manera.

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